Vida

By Tati Martínez

Veintitrés años de cristiana, y ¿cómo había sido posible que no me diera cuenta del valor que Dios le ha dado a la vida? ¿Cómo era posible que no me parara a favor de ella? Una tristeza, sí, y sé que muchos están en la condición que yo me encontraba. Nunca imaginé que mi mundo cambiaría después de leer un libro que expone los efectos negativos del humanismo en la sociedad. ¿Humanismo? Ni siquiera entendía el concepto, ni la gravedad de esta corriente ideológica, hasta que su significado comenzó a retumbar en mi mente y corazón: “Sistema o modo de pensar que se centra en el razonamiento humano.”

En el huerto del Edén, Dios le dio a Adán una instrucción: “Puedes comer de todos los árboles del huerto, excepto de uno. Si lo haces, morirás” (Génesis 2:17-18). Más adelante, vemos cómo Satanás tienta a Eva. “¿Con qué Dios ha dicho: No comas de todo árbol del huerto?” cuestionó la serpiente. Dios no dijo eso, dijo que podían comer de todos a excepción de uno. Eva es manipulada con el siguiente concepto: “Eva, tú no vas a morir; si tú comes de este fruto, serás como Dios.” Aquí surge un concepto del humanismo, ser como Dios, tomar decisiones por encima de las de él.

Fue ahí donde las piezas comenzaron a tener sentido; te preguntarás: ¿qué tiene que ver esto con el tema de la vida? ¡Todo! Tratar de ser como Dios y usar nuestro propio razonamiento es peligroso.

El tema del aborto ha polarizado la opinión mundial en dos bandos: un grupo que se apoya en la enseñanza humanista de que el hombre es la medida de todas las cosas, y dice que la mujer tiene el derecho a la libre elección. Y del otro lado tenemos a los que se apoya en las invariables enseñanzas de las Sagradas Escrituras, y que acepta y enseña que sólo Dios tiene el derecho de quitar la vida.

Desde ese punto de vista humanista, todo es lícito, nada es inmoral; la vida y sus repercusiones son relativas. Hoy día no se dice que el aborto es un asesinato; es simplemente una “interrupción del embarazo.” Estas fueron algunas de las muchas cosas que abrieron mis ojos ante la horrible realidad de lo que es el aborto.

UNA TERRIBLE REALIDAD

Únicamente en los Estados Unidos ha habido casi 60 millones de abortos. En 2010, leí un artículo que decía: “Más de 1,500 clínicas de aborto han cerrado sus puertas a razón de la oración afuera de ellas.”

Fue en ese momento que me di cuenta que nosotros, la iglesia, no sólo podemos, sino que debemos hacer algo por la vida. Doy clases en la escuela de español de Cristo para las Naciones en Dallas, Texas, y como directora del ministerio de Ya Basta, hablé con los estudiantes de la importancia de involucrarnos en el tema. Habíamos ido por seis años a orar afuera de una clínica de esta ciudad; en 2015, se cerró. Pero, nuestra tarea no termina; ahora vamos a otra que práctica abortos hasta los seis meses de embarazo.

Además, anualmente participamos en la “Marcha por la Vida,” en el entendido de que definitivamente es un cumplimiento de nuestro deber como creyentes: “Libra a los que son llevados a la muerte” (Proverbios 24:11).

Es por ello que Cristo para las Naciones moviliza a cientos de estudiantes para que participen en esta marcha. Ellos han entendido que no sólo es caminar con letreros, sino también interceder y orar. Las oraciones llegan a los oídos de Dios, y habrá respuestas.

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